
Me callo porque es más cómodo engañarse
El otro día escuché el estribillo de esta canción y me quedé pensando en aquello de “me callo porque es más cómodo engañarse”.
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¡Hola,
Bienvenida!
Un espacio para pasar del miedo al goce escénico: hablar en público y presentar tus ideas con seguridad.
Lúcete con seguridad en tus presentaciones y amplía tus proyecciones profesionales.

Talleres y charlas donde el miedo escénico se convierte en voz, siempre acompañada.





Soy Marianella Ruiz.

“El miedo no es creado por el mundo que nos rodea, sino en nuestra mente, por lo que pensamos que va a suceder”
E. Gawain
Comencé mi trabajo como psicóloga clínica con personas que necesitaban tener un acompañamiento emocional, porque se encontraban sometidas a situaciones con altos niveles de estrés. Siempre me inquietó el dolor físico y la respuesta emocional que tenemos las personas cuando nos sentimos amenazadas, estresadas y con miedo.
Apoyar y acompañar a otros a manejar su ansiedad, a pesar de la situación en que nos encontremos, se transformó para mí en el gran sentido de mi trabajo. Sin duda, mi propia historia y mi relación con la ansiedad hicieron lo suyo para que yo quisiera acompañar a otros en este proceso.
Actualmente trabajo con personas que sienten miedo al hablar en público y que necesitan traspasarlo para poder comunicarse libremente y compartir con otros sus conocimientos, sus talentos y sus opiniones, sintiéndose seguras de sí mismas y aportando valor a otros.
Si tienes la sensación de que posees conocimientos, que manejas bien lo que haces en tu trabajo, que tienes talento, pero al momento de comunicarlo frente a otros te sientes “frenado por el miedo”, te invito a que veas mi masterclass gratuita (clase online).
Descarga mi masterclass gratuitaActualmente trabajo en un nuevo desafío que me encanta: diseñé mi propio programa, Presenta sin Miedo — “Lúcete con seguridad en tus presentaciones y amplía tus proyecciones profesionales”. Está dirigido a mujeres profesionales que sienten la necesidad de vencer el miedo a hablar en público.
Lo que dicen de mí las mujeres profesionales y líderes que han trabajado conmigo en Presenta sin Miedo.

Llegué al programa Presenta sin Miedo muy nerviosa. Sabía que tenía que hablar y enfrentar el miedo, que en mi caso venía acumulando hace mucho tiempo, y también tenía dudas de si realmente podía lograr controlarlo o manejarlo.
Un día dije “basta” a no poder enfrentar este miedo, porque sentí que estaba perdiendo muchas oportunidades laborales que se me presentaban. Era consciente de que tenía que hacerme cargo, y pensé: ahora es el momento. Eso me motivó mucho a hacer este programa.
Lo más importante que aprendí es que lo importante es el público: no eres tú, es el público, lo que tú quieres transmitirle y cómo quieres transmitirle el mensaje.

Después de realizar el programa Presenta sin Miedo, reflexioné sobre cómo enfrentar el miedo y sobre el autoconocimiento. Aprendí que es importante reconocer y validar mis emociones en lugar de reprimirlas.
Para manejar los días difíciles desarrollé un enfoque basado en la autogestión y la amabilidad hacia mí misma. En lugar de luchar contra mis emociones negativas, les permito existir, y así no añado sufrimiento extra a mis días complicados.
Utilizo rituales de autocuidado, como la escritura terapéutica o momentos de silencio, para procesar la carga emocional acumulada durante el día.
Entendí que mi bienestar depende de mi energía y de mi entorno, por eso elijo rodearme de estímulos tranquilos y de personas que me brindan apoyo real. Encontrar espacios seguros donde puedo hablar libremente sobre lo que siento ha sido fundamental para mi sanación y mi crecimiento.
Practico la autocompasión: me trato como trataría a una amiga, y eso me permite transitar los momentos bajos con menos presión y mayor paz mental. Estas herramientas me han ayudado a transitar mis miedos con mayor claridad y seguridad.

Antes del programa sentía mucho nerviosismo y ansiedad al hablar en público; incluso me daban dolores de estómago. Trabajaba en el área de Recursos Humanos de una empresa, y las exigencias de mi entorno laboral me hicieron ver que necesitaba mejorar mi forma de comunicar si quería seguir creciendo.
En Presenta sin Miedo aprendí a transformar mis creencias limitantes y a manejar los nervios con técnicas concretas. Entendí que equivocarse es natural y que puedo confiar mucho más en mi seguridad interna.
Hoy, como estudiante de último año de psicología, me preparo para mis presentaciones con más confianza y siento que puedo controlar lo que quiero proyectar.

Soy contadora auditora y buscaba romper barreras en cargos ejecutivos y liderar equipos, pero sentía mucha ansiedad y malestar físico al hablar en público, algo que se intensificó con las presentaciones virtuales durante la pandemia.
Con Presenta sin Miedo y los talleres avanzados Empodera tu Voz y Comunica con Emoción aprendí tres cosas clave: que el protagonista es la audiencia y no el orador; a transformar el miedo con herramientas prácticas, manteniendo la presencia; y a adaptar mi mensaje al perfil de quien me escucha, ya sea con números, texto o ejemplos prácticos.
Los talleres también me permitieron trabajar mi voz y mi articulación, para mantener un buen volumen y evitar que se me trabe la lengua. Recomiendo ampliamente el programa: invertir en mi desarrollo profesional me ha dado una ventaja competitiva significativa.

Antes del programa sentía mucho miedo de hablar ante un público. Me ponía muy nerviosa, creía que me iba a quedar en blanco y, si alguien me hacía una pregunta, no sabía si iba a poder responder. Mi inseguridad era muy notoria. Dije: me tengo que hacer cargo, mi carrera profesional también lo ameritaba, y busqué ayuda de profesionales que me dieran las herramientas adecuadas para superar este miedo.
En el programa encontré técnicas que ya conocía, pero no sabía cómo aplicar: hacer una pausa y respirar, enraizar para estar presente, segura y empoderada, y usar posturas de poder. También perdí el miedo a interactuar con el público: empecé a disfrutarlo, lo encontraba más divertido y didáctico, e incluso aprendía de mi audiencia.
Lo más importante para mí es disfrutar mi trabajo, y que hablar en público no sea un gran estrés. El miedo jamás se va y todos lo tenemos; lo importante es poder manejarlo con herramientas, con conocimiento y con ayuda de un experto.

Participar en el programa Presenta sin Miedo me ayudó muchísimo para superar ese miedo irracional que sentía al momento de hablar frente a una cámara. Si bien esto no lo sentía cuando hablaba directamente con las personas, sí me ocurría al momento de hacer grabaciones.
Yo, por mi trabajo como psicóloga, tengo mi propio programa “Convierte tu pasión en tu trabajo” y necesitaba con urgencia hacer videos para dar a conocer a las personas lo que yo hago. Estuve postergando hacer grabaciones durante 6 meses, hasta que me decidí a pedirle ayuda a Marianella, porque si no hacía algo, no iba a poder superar sola ese miedo tan intenso que tenía.
Gracias a su acompañamiento tan cercano pude ir venciendo todas esas ideas irracionales de que mi voz no era la mejor, que no tenía carisma, que no lo hacía bien en la cámara, etc. Hoy día he logrado realizar varias grabaciones sintiéndome tranquila, segura de mí misma y, claro, igual hay un nerviosismo, pero hoy lo sé manejar completamente. Este programa fue un gran aporte para desarrollarme profesionalmente.

Si eres mujer profesional, lideras equipos de trabajo y estás decidida a tomar acción, te invito a que descargues mi masterclass gratuita “Habla segura y sin miedo”.
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Si eres una profesional y andas buscando superar tu miedo a hablar en público, para tener tranquilidad y seguridad en ti misma, y así aprovechar las oportunidades laborales que se te ofrecen, estás en el lugar indicado.
Recuerda que
¡Tú también puedes hacerlo!
Espero que toda la información que hay en mi web te haya sido útil. Si quieres saber más, te invito a descargar mi masterclass gratuita.
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Puedes completar el formulario de contacto indicando el motivo de tu consulta o, si quieres, te invito a que postules a una sesión de evaluación gratuita. Estaré encantada de conocerte.
Por otro lado, si te interesa que participe en algún evento, este es también el lugar para contactarme.
Te responderé en un máximo de 24 horas si es día hábil.
¡Muchas gracias!
Escríbeme a contacto@marianellaruiz.com
Lecturas breves para preparar tu próxima presentación.

El otro día escuché el estribillo de esta canción y me quedé pensando en aquello de “me callo porque es más cómodo engañarse”.
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Desde la psicología, y desde una mirada científica, existen técnicas específicas para ampliar efectivamente nuestra zona de confort.
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He estado pensando mucho en la soledad que nos provoca el sentirnos con MIEDO…
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El otro día escuché el estribillo de esta canción y me quedé pensando en aquello de “me callo porque es más cómodo engañarse”. Me hizo sentido porque caer en esta actitud es más frecuente de lo que pensamos.
¿Cuántas veces te has dicho a ti misma que quieres traspasar y vencer tus miedos, en especial el miedo a hablar en público, pero has preferido quedarte en la comodidad del silencio?
Esto porque seguramente te atrapa otro miedo que es incluso más grande que el anterior, el miedo a ilusionarte. A creer que puedes y luego decepcionarte. Y es ahí donde la comodidad de callar, de fingir que todo está bien tal como está o de engañarte convenciéndote que la situación no es tan molesta, parece ser “menos dolorosa” que comprometerte en un esfuerzo de trabajo real y concreto para superar el miedo escénico.
Y, finalmente, esa comodidad de quedarte en silencio te lleva a limitar tu carrera profesional, a no concretar un ascenso en el trabajo o incluso a abandonar la idea de moverte a un espacio laboral nuevo con mayores proyecciones profesionales y económicas. Todo, por no desarrollar tus habilidades para comunicar lo que sabes o para dirigir equipos de personas.
¿No te parece que este escenario hace que sea mucho más incómodo “callarse y engañarse”?
Mi invitación es a que no dejes que la razón (irracional) le gane a tu corazón. Porque cuando descubras el camino para salir de ese miedo que te tiene atrapada, ya no habrá retorno. A partir de entonces, enfrentarás nuevos desafíos, sí, pero un día te darás cuenta que disfrutas aquello que tanto pánico te provocaba y dejarás que tu VOZ ocupe el lugar que siempre mereció.
Si sientes que estás en el momento de ir a la acción y avanzar, a pesar del miedo, te invito a que CONVERSEMOS.
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Últimamente se ha vuelto muy popular hablar sobre cosas como: “debes salir de la zona de confort” o “ampliar tus creencias”, “flexibilizar tu manera de pensar”, “romper con tus creencias limitantes”. De alguna manera, esto ha significado que las personas tengamos más conciencia de que nuestros pensamientos son los que influyen en nuestra realidad, por la forma de explicar, entender y vivir la vida, especialmente cuando sentimos que no estamos avanzando en algo en nuestras vidas.
Sin embargo, esta “popularidad conceptual” no nos dice cómo realmente salir de estos patrones o ideas de pensamiento. Algunas personas lo asocian a aspectos más esotéricos o energéticos, que puede que funcionen, pero yo no sabría cómo o qué hacer para que así sea…
Desde la psicología, y desde una mirada científica, existen técnicas específicas que nos proporcionan una manera concreta, ¡eso sí! NO mágica, ni que no implique dedicación, para ampliar efectivamente nuestra zona de confort o modificar nuestras creencias limitantes y resolver los problemas que nos quitan el sueño.
Cuando entrenamos a conciencia, con perseverancia, nuestros pensamientos y la manera de resolver los problemas, podemos realizar cualquier cambio en nuestra vida.
Por ejemplo, podrías preguntarte:
Para respondernos este tipo de preguntas, necesito flexibilizar mi manera de pensar. Estamos atrapadas por sobre COMO PENSAMOS en las cosas que nos ocurren, más que por las cosas en sí mismas, y éstas son nuestras creencias limitantes que no nos dejan PENSAR DE MODO DIFERENTE con respecto a alguna situación o problema o conflicto con alguien. Y esto hace que no creemos una posible solución diferente a lo que he estado haciendo y que no me funciona.
Todos tenemos creencias, estas son nuestro mapa para entender la realidad, nos dan un marco de referencia en nuestras vidas, que nos permite funcionar y adaptarnos. Pero lo que hace complejo este tema es cuando estas mismas creencias se tornan dogmáticas, rígidas e inflexibles y no nos permiten pensar o hacer algo diferente, a pesar de que sentimos internamente que queremos hacer un cambio o lograr un objetivo. Y no estoy hablando de logros poco realistas, sino de cosas que son totalmente factibles de realizar, como por ejemplo hablar en público libre y tranquila.
Es probable que estés operando desde alguna creencia limitante que no te deje avanzar o “salir de tu zona de confort” y necesitas pensarlo de manera diferente.
Siempre hay dos opciones: una donde lo que piense sobre algo me haga sentir victimizada, con miedo, dolor, angustia, etc.; o pensar sobre la situación y sentirme tranquila, agradada, con posibilidad de hacer algo o aceptar con paz la realidad, etc. ¿Qué opción prefieres?
Los estudios señalan que las personas que tienen pensamientos optimistas viven más y tienen mejor calidad de vida, esto haciendo la comparación entre personas que han vivido las mismas circunstancias de vida. El flexibilizar una creencia te permite ser más creativo a la hora de encontrar soluciones a los problemas, esto aumenta tu autoeficacia, fortalece tu autoestima y por supuesto que te vuelve más optimista.
Espero que este artículo que escribí te sea de utilidad y te invito a que tomes una acción concreta para entrenar tus pensamientos y sentirte mejor contigo misma.
CONVERSEMOS.
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Luego de algunas sesiones que he tenido con mis coachees y de sesiones gratuitas de claridad también, he estado pensando mucho en la soledad que nos provoca el sentirnos con MIEDO…
Nos aislamos del resto para no exponernos, o para que otros no interfieran en nuestras rutinas que aparentemente nos hacen sentir “más tranquilas y seguras”, o por vergüenza también a reconocer que tenemos miedo, a hablar, opinar, etc. Porque nos suena “ridículo” a nosotras mismas y sabemos racionalmente que el miedo que sentimos es absurdo, pero ahí está, porque lo SIENTO.
Y por el MIEDO elegimos trabajos que quizás no nos satisfacen plenamente, pero nos dan sensación de “seguridad”.
Pero mientras más solas nos vamos quedando, más va creciendo nuestro demonio, más me voy convenciendo que NO PUEDO, a pesar de que en el fondo de ti sabes que estás aquí por y para muchísimo más.
Créeme que no solo sé de esto que escribo porque lo he “estudiado”, sino porque lo he vivido: por muchos años me daba vergüenza pedir ayuda. Sí, vergüenza, porque tenía la creencia limitante de que, por ser psicóloga, DEBÍA saber cómo salir de ahí… Y no fue fácil salir de eso…
Llegué a un punto donde sentí que debía dejar un trabajo que me gustaba mucho, por MIEDO, y me di cuenta de que ahí toqué fondo, porque ya no solo evitaba lo que me provocaba miedo, sino también lo que me apasionaba… y por la misma razón.
Simplemente es miedo a sentir miedo, donde cualquier desafío te asusta… A esa altura descubrí que no solo sentía miedo a expresarme y a hablar en público, sino que ya sentía miedo siempre, y en ese punto decidí tomar ACCIÓN a pesar del miedo: no podía dejar pasar más oportunidades solo por miedo, dejar pasar mi vida solo por miedo.
Entonces la primera acción que realicé fue decidir dejar de EVITAR y contarle a mis cercanos lo que sentía diariamente. Luego busqué una ayuda concreta para que me acompañaran a salir de donde estaba. Aprendí a reconocer mi vulnerabilidad y a ser humilde con ella, porque no por ser psicóloga “no podía sentir miedo”, y tampoco “debía salir sola de esa situación”. (Sé que esto que digo suena muuuuy lógico, pero ahí estaba ese pensamiento “tóxico” en mí.)
Ahora, al mirar atrás, creo que esto me ocurrió porque me aislé, no me comuniqué, no pedí ayuda a tiempo, me autoconvencí de que “no era tan malo”. Y escribo esto hoy porque durante estos días he escuchado a varias personas que aún piensan que vivir así, con miedo a hablar en público, es algo que no pueden cambiar, que es parte de sí mismos, que así es la vida… Quiero decirles que eso no es real, porque SÍ puedes trabajar el MIEDO, e incluso puedes seguir sintiéndolo, pero TÚ PUEDES hacer que no te gane, puedes mantenerlo a raya y aprender a confiar en ti, en tu intuición, y actuar.
Toma acción en buscar ayuda, no dejes pasar más tiempo, conoce a tu miedo, entrénate en comunicar lo que piensas y sientes, elige tus oportunidades laborales en libertad, de acuerdo a lo que realmente sueñas para ti. ¡Tú puedes hacerlo!
Si sientes que estás preparad@ para tomar una acción comprometida en tu vida y vencer el miedo a hablar en público, conversemos.
Espero que este artículo que escribí te sea de utilidad.
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“Creo que no puedo hablar frente a otros, pero lo hago igual, el problema son las ideas preconcebidas que están ahí acechantes, que son parte de la historia de mi vida, que finalmente hacen que no quiera volver a vivir la situación”…
Esta frase me la dijo un cliente con el que trabajé, y la uso para explicarme lo que le sucedía cuando tenía que hablar frente a otros. Al releerla me da la impresión de que esta frase se sostuviera por una especie de “hechizo mágico” tan potente que no importa el intento que realice, no será capaz de derribar esta barrera invisible que coarta su campo de acción.
Así de potentes son nuestros pensamientos o ideas irracionales, que a pesar de que seamos capaces de “hablar en público” no logramos bajar nuestra mirada autocrítica y perfeccionista. Somos duras con nosotras mismas y eso hace que no logremos sobreponernos a la situación, y me incluyo porque muchas veces me sentí así luego de hablar en público o incluso cuando daba una opinión en grupos más pequeños.
Y por supuesto, esto hace que comencemos a evitar situaciones que nos hagan sentir de ese modo.
Pero aquí la gran revelación, al menos para mí, es que no son las situaciones las que nos hacen sentir así, sino la forma en que PENSAMOS sobre ellas.
Por esta razón, lo primero que debemos trabajar para vencer el miedo a hablar en público es con nuestra MENTE, y luego de eso recién estamos en condiciones de aprender nuevas técnicas de oratoria y/o manejo escénico.
Aquí te dejo algunos tips que pueden ayudarte a salir del circuito de la evitación:
Espero que este artículo haya sido de utilidad para ti.
Si ya estás preparad@ para realizar acciones concretas que te permitan dejar atrás el miedo a hablar en público, hablemos.
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Si tu respuesta es sí, entonces sabes de lo que hablo… de esa sensación de que tienes mucho que aportar desde tu experiencia, desde tu conocimiento, pero que finalmente hay algo interno que sientes muy fuerte, que te frena y que termina limitándote. Probablemente por esta razón has dejado pasar oportunidades laborales, y quizás también en lo personal, o te mantienes más bien de “bajo perfil”, pero no porque lo seas o porque no tengas opinión, sino que es por MIEDO.
¡Uf! Qué frustración… te lo digo así porque también lo he sentido, y me he quedado pensando por mucho rato “¿pero cómo?, si debí decir esto o esto otro”, pero el momento ya pasó… y la sensación de haberlo hecho fatal queda ahí y nos da vueltas una y otra vez en nuestra cabeza.
Y justamente ese es el problema: te quedas pensando en cómo debiste actuar y en lo mal que lo hiciste, y eso NO te prepara para otra ocasión, sino que más bien te deja atada a tus juicios, que generalmente son mucho más duros que los que te hacen las demás personas, y éstos te paralizan. Además, es muy probable que tu autocrítica también sea durísima y así te quedas sin opciones, porque finalmente te convences de que eres así, que esa es tu personalidad.
Si sientes esto que describo es porque tu pánico escénico te está limitando, y si no haces nada para manejarlo seguirás viendo pasar grandes posibilidades… que a la larga irán mermando tu autoestima.
Sin embargo, no todo es negativo, porque la habilidad de hablar en público se aprende. Esto significa que TÚ PUEDES revertir esta situación, sí, tal cual, porque no nacemos ni tímidas ni con miedo a hablar en público; por lo tanto, tú también puedes aprender a hablar en público SIN miedo y libremente.
Luego de esto divide tus miedos en 2:
Con esto ya estás tomando las primeras acciones concretas que te ayudarán a comprender mejor el miedo a hablar en público, y de esa manera podrás ir avanzando paso a paso a medida que te vayas sintiendo más segura.
Recuerda que para vencer el miedo debes conocerlo muy bien, y así lo manejarás tú a él y no que él te controle a ti.
¡Espero te haya sido muy útil este artículo!
Si ya estás preparada para avanzar aún más en manejar el miedo a hablar en público, conversemos.
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“¡Tengo que realizar una presentación pública sobre mi trabajo! Y debo hacerlo perfecto, porque mi jefatura, mis pares y yo misma tenemos una alta exigencia sobre mí, que si no cumplo ¡voy a quedar muy mal! frente a los demás, muy frustrada conmigo misma y también avergonzada… Debo saberme todo, por lo tanto necesito estudiar mucha información, para que no me sorprendan con preguntas, pero tengo tanto trabajo que no sé si podré darme el tiempo suficiente para prepararme”…
Esto podría parecer una exageración, pero la verdad es que este tipo de pensamientos son los que se nos disparan automáticamente cuando sentimos miedo a hablar frente a otros y debemos realizar una presentación o explicar nuestro trabajo frente a un equipo.
Es una mezcla de exigencias que nos autoimponemos y que también provienen de algunos entornos laborales exigentes y competitivos, donde el error no es reconocido como un factor fundamental en los aprendizajes que tenemos las personas, sino más bien es considerado como una “falla personal”.
Nuestros pensamientos son tan poderosos porque con ellos vamos construyendo nuestra realidad, y en las situaciones nos sentimos de acuerdo a cómo pensamos en ellas.
Desde ahí construimos ideas o pensamientos que nos generan, por ejemplo, ansiedad a la hora de prepararnos o hacer una presentación pública.
Puede que tú estés dentro del grupo de personas que sienten muchísima ansiedad varios días antes de la presentación, sintiéndote muy incómoda, nerviosa, con sensaciones físicas tan molestas como el “estómago apretado que no puedes comer” e incluso tienes dificultades para dormir la noche anterior a tu exposición.
Todo esto hace que evites “enfocarte en trabajar para tu presentación”, y comienza la PROCRASTINACIÓN, es decir, posponer irracionalmente el finalizar una tarea que te provoca un estado emocional de nerviosismo, pero que lo aumentas al evitar realizarla, y te vuelves DISPERSO: no le das el tiempo necesario a tu presentación, porque además estás “muy ocupado con todo lo que tienes que hacer diariamente” y en algunas ocasiones le restas importancia a lo que vas a presentar y “justificas tu no preparación con ello”.
Pero al llegar el momento puedes experimentar una reacción de PÁNICO, porque no te queda más tiempo para prepararte, y ya “la suerte está echada”…
Es aquí donde es altamente probable que se cumplan todos tus temores de quedarte en blanco, que se te olviden “partes de lo que vas a hablar”, que no te escuchen, etc. De alguna manera, es como si quisieras confirmar que realmente no puedes manejar tu miedo a hablar en público, lo que se traduciría en “miedo a lograrlo”. ¡Sí! Miedo a lograrlo.
O quizás eres de esas personas que estudian, estudian y estudian muchísima información, y esto también te provoca ansiedad, porque necesitas saber tanto para sentirte segura que también puedes caer en ser dispersa, queriendo abordar muuuuchos temas, y no te sientes nunca bien preparada… Esto, sin duda, también hace que tu desempeño tampoco sea el que esperas, porque no logras priorizar la información y te pierdes.
En ambos casos estás evitando, y lo haces por la manera en que piensas sobre la situación donde vas a exponerte. Lo paradójico de esto es que, cuando evitas, crees que tu ansiedad disminuye, pero en realidad lo que haces es aumentarla, ya que el evitar es una reacción frente al miedo, es como huir, y puedes llegar a sentir “cierto alivio momentáneo”, pero el miedo y la frustración siguen estando contigo.
Y observa en cada momento los pensamientos que estás teniendo, porque ellos te conducirán a la acción efectiva o a la evitación.
Y pregúntate: ¿qué otras decisiones importantes en tu vida estás evitando tomar?
¡Espero te haya sido muy útil este artículo!
Si ya estás preparad@ para trabajar en profundidad con esos pensamientos que te generan el miedo escénico, conversemos.
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Si estás leyendo este artículo es porque probablemente has sentido o sientes miedo a hablar en público y te gustaría saber si realmente puedes lograr manejarlo.
Lo sé, porque yo misma al inicio de mi carrera también sentí muy fuertemente ese temor a la exposición. En mi caso estaba el constante miedo a equivocarme, a que no me aceptaran, a sentirme rechazada. Quería hacerlo tan perfecto que necesitaba memorizar en su totalidad el tema del que iba a hablar, y la verdad es que esto me generaba muchísima más ansiedad, porque obviamente se me olvidaba una palabra y ya no sabía cómo seguir…
Sentía mucha frustración porque sabía que podía dar mucho más de mí y quería con todo mi corazón poder expresarme y mostrar todo lo que soy capaz de entregar.
Uno de los miedos más recurrentes al hablar en público tiene que ver con el miedo a equivocarnos y a ser juzgadas por otros que “saben más” o “lo mismo que tú”, y este miedo hace que justamente cometas los errores que tanto temes. Incluso después de muchas horas de estudio, esfuerzo y trabajo, la vergüenza a mostrarte y a equivocarte hace que comiences a evitar las situaciones de presentación, y esto provoca que te quedes en un lugar “seguro” para no exponerte y comiences a perder las oportunidades laborales que se abren y que te darían la posibilidad de mejorar o desarrollar una carrera exitosa, o simplemente comiences a elegir trabajos que no te agraden tanto, pero que no te exigen presentar frente a otros.
Aquí lo primero es comprender que la mayoría de las personas nos sentimos ansiosas a la hora de hablar frente a otros, por lo que es esperable que sientas “nerviosismo” al estar frente a un grupo de personas, ya que lo que estás haciendo es salir de tu zona de confort y te estás enfrentando a las miradas y opiniones de los demás, ante lo cual nuestro organismo reacciona con estas emociones como una forma de adaptarse a la situación.
Lo importante es reconocer que el miedo es tu aliado. Sí, tu aliado, ya que el miedo “bien canalizado” te moviliza a querer hacer las cosas bien, a enfocarte en dar tu máximo potencial. Así es que no lo resistas, porque cuanto más resistencia pones, más grande y fuerte se hace, tomando el control. Entonces hazlo tu aliado, no trates de escapar de él, sino haz las cosas con él. La mejor forma de atravesar el miedo es entrenándote con él, movilizándote a la acción, siguiendo tu objetivo paso a paso, con miedo, no sin él.
Para enfrentar el miedo y sentirte más segura de ti misma al hablar en público, toma las siguientes acciones:
Esto te ayudará a manejar y aceptar que, si bien el “miedo” estará presente, eres capaz de usarlo como un movilizador para dar una charla con energía y seguridad.
¡Espero te haya sido muy útil este artículo!
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En diferentes ocasiones, muchas de nosotras hemos asistido a charlas de personas que poseen grandes habilidades de presentación o son oradores reconocidos, y hemos pensado para nosotras mismas: “Esta persona es increíble y yo nunca podría llegar a hablar de ese modo calmada, segura de mí misma, divertida, capaz de captar la atención de la audiencia… o lo que sea.”
Pues muy bien, debo contarte algo muy importante: no necesitas ser extraordinariamente inteligente o perfecta para tener éxito cuando hablas frente a otros. Tú puedes cometer errores, tener sensaciones físicas intensas (transpiración, sequedad de la boca, etc.) e incluso olvidar una parte completa de lo que estás hablando; puedes no ser tan divertida o entretenida y seguir teniendo éxito con tu público. Porque el éxito para hablar en público se define ahí, en la relación que podemos construir con las personas que nos escuchan.
Créeme, tu audiencia no espera la perfección… al contrario, mientras más cercano te ven, más empatizarán contigo.
La mayoría de nosotras se pone mucha presión al intentar un desempeño perfecto. Trabajando días para preparar una charla o una presentación, preocupándonos de memorizar TODO y de no cometer errores, invirtiendo muchas horas repitiendo y recordando qué decir, y ¿sabes qué? Todo esto te hace sentir mucho más ansiosa e insegura.
Bueno, por supuesto que la preparación previa es importante, pero no en busca de la perfección, sino en lo que quiero entregar de valor para las personas que me escucharán. Las investigaciones señalan que el aprendizaje que perdura en el tiempo es el que está asociado a una experiencia. Por lo tanto, cuando debas hacer una presentación frente a otros, te invito a que pienses en ¿qué es lo importante para estas personas? Y elige 1 opción y trabaja en entregarles ese valor.
Lo que realmente importa cuando hablamos frente a otros es dar algo de valor a tu público, y si ellos lo reciben, considerarán tu charla como exitosa.
“No tengas miedo de la perfección, nunca la alcanzarás”.Salvador DalíTe invito a una sesión de evaluación gratuitaCerrar lectura

“Imagina que estás de pie frente a un auditorio lleno de personas, que han ido a escuchar una presentación tuya, y están todos muy expectantes de que comiences a hablar…”
Quizás muchas de nosotras nos sentimos inmediatamente nerviosas al imaginarnos en esta situación; sin embargo, podríamos llegar a comunicar de una manera clara nuestras ideas.
Pero ¿qué ocurre con aquellas personas que el miedo las vence y no logran hacer una presentación donde puedan comunicarse claramente, seguras de sí mismas, sin miedo, y que al finalizar su exposición puedan sentirse contentas con su desempeño?
El miedo a hablar frente a otros es algo que le ocurre a un porcentaje no menor de personas, con diferentes niveles de intensidad, pero que sin duda puede ser una experiencia muy intensa y desagradable, tanto por los síntomas físicos que podemos llegar a experimentar frente a esas situaciones, tales como pulso acelerado, sequedad de la boca, sudoración, ponerse rojo, temblor en las manos, en la voz, etc., como por las ideas que acompañan estas sensaciones: “no lo estoy haciendo bien”, “los otros son más expertos en el tema que yo”, “estoy siendo aburrida”, “se está notando lo nerviosa que estoy”, imaginar situaciones como caerse frente a todos, etc.
Las razones se pueden deber a diferentes factores: algunos relacionados con exigencias familiares que terminan formando a personas con altos niveles de autoexigencia, situaciones puntuales de trauma como, por ej., el bullying, y en ocasiones no necesariamente son eventos de traumas graves: quizás algún comentario no tan relevante de alguien nos provoca el miedo a expresar nuestras ideas.
En este contexto, es importante reconocer que el miedo siempre está presente en situaciones donde podemos ser evaluados por otros, y el desafío es transformar este miedo en un aliado que motive e impulse.
Para lograrlo se debe trabajar en:
Finalmente, aceptar que todos podemos mejorar nuestras presentaciones y lograr hablar en público de manera clara y ordenada. Mejorando nuestras competencias, con resultados que nos hagan sentir seguras de nosotras mismas, y así disfrutar más del momento.
“La conducta espontánea es resultado de lo sobreentrenado”.
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En términos generales, es una intensa emoción de miedo frente a situaciones sociales, que hace que la persona se sienta expuesta ante otra. Dicha exposición puede ser en un contexto formal, por ejemplo, de tipo académico, en la sala de clases frente al profesor y compañeros; laboral, en una reunión de trabajo con colegas; o bien en una fiesta de “amigos”. Y pongo la palabra amigos entre comillas, ya que una de las grandes dificultades que enfrentan las personas que sufren de fobia social es que tienen muy pocos amigos y en algunos casos no los tienen. Esto hace que la calidad de vida de quienes presentan este temor enfermizo no sea buena y, a medida que pasa el tiempo, se deteriore aún más, ya que tienden a aislarse para evitar el contacto con los otros. Pero no por falta de interés, sino por temor.
El DSM IV (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) la define como «un temor acusado y persistente a una o más situaciones sociales o de actuación en público en las que la persona se ve expuesta a gente desconocida o al posible escrutinio por parte de los demás. El sujeto teme actuar de alguna manera (o mostrar síntomas de ansiedad) que pueda ser humillante o embarazosa». (Caballo, 2007)
Cuando las personas nos vemos enfrentadas a “situaciones sociales nuevas” tenemos la tendencia a sentir cierto grado de ansiedad, que nos permite estar más atentos a los nuevos contextos y a las nuevas personas que hay por conocer. Si, por ejemplo, debo hacer una presentación en público, esta misma ansiedad me permite tener una mejor ejecución de la tarea.
Sin embargo, ¿qué ocurre cuando esta emoción que me moviliza inicialmente se hace tan intensa que me paraliza?
En el caso de una fobia, esta ansiedad sobrepasa el actuar, sentir y pensar de las personas, volviéndolas vulnerables en situaciones que para el general de las personas son comunes y no representan una amenaza real.
Es aquí donde podemos observar que las personas que sufren de fobia social pueden reaccionar de dos maneras.
Por un lado, derechamente evitando este tipo de situaciones sociales, ya sea no hablar en reuniones de trabajo, no asistir a eventos sociales, no hablar por teléfono, no pedir cambio por algún producto que se compró en la tienda, no hablar con personas con autoridad, etc. Esto provoca aún mayor dificultad para desarrollar habilidades sociales, generando además de los síntomas físicos intensos provocados por el miedo (palpitaciones, temblores, sudor, ruborizarse, dolores de cabeza y/o estómago), aislamiento, baja autoestima y pensamientos irracionales en relación a la evaluación que hacen los demás sobre nosotros. Porque finalmente ese es el gran temor de las personas que sufren de este mal: miedo a ser evaluadas negativamente y/o miedo a ser rechazadas, pues existe una sensación interna basal de autoexigencia sobre su desempeño social y una falta de control para realizar conductas que sean asertivas frente a otro (hacer peticiones, dar opiniones a favor o en contra, etc.).
La segunda forma de reacción es que, “cuando no hay escape frente a la situación”, no queda más que enfrentarla, pero con altos niveles de ansiedad que implican síntomas físicos y pensamientos irracionales. Esto último genera que aumente o se mantenga la fobia, dado que, a pesar de que logran enfrentar la situación “tan temida”, continúan las mismas ideas y creencias sobre sí mismas, lo que hace que la fobia persista.
En síntesis, las personas que sufren de fobia social viven la vida desde un espacio de dolor y soledad, porque al darse cuenta de lo irracional de su actuar y pensar, se critican y evalúan duramente por no poder realizar una conducta que pareciera ser natural para todas las personas, menos para las que sufren este mal.
Un dato importante es el hecho de que las personas con fobia social pueden demorar años en consultar, lo que intensifica los síntomas, los patrones de conducta evitativos y empeora la calidad de vida. Por esta razón, la consulta temprana facilita el proceso de recuperación.
En la primera sesión se evalúa la intensidad de los síntomas de la persona; si están causándole dificultad en su vida cotidiana, se realiza una interconsulta al psiquiatra, para ver si es necesario el uso de fármacos para apoyar el proceso psicoterapéutico.
Particularmente, en mi consulta utilizo técnicas cognitivo-conductuales para analizar las ideas o creencias irracionales que están a la base de la conducta fóbica. También estudio la historia familiar para comprender el tipo de aprendizaje social que ha tenido el paciente. Identificados estos factores, trabajo de modo práctico con situaciones de exposición social, en un espacio de contención, con profesionales actores expertos en habilidades sociales.
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